CRÓNICA DE LA MANIFESTACIÓN DEL 3 DE JUNIO EN EL ZOO AQUARIUM DE MADRID

Como veníamos anunciando durante semanas, el 3 de junio tuvo lugar por la mañana una manifestación en el Zoo Aquarium de Madrid, con el lema: “El zoo es una cárcel. A nadie le gusta vivir entre rejas, sea de la especie que sea”. Escogimos este lema porque condensa nuestra postura respecto al encierro de animales. No denunciamos que no se cumplan las leyes vigentes que regulan la explotación, ni reivindicamos mejoras en las instalaciones ni en el régimen de encierro. Nos oponemos al negocio del cautiverio en cualquiera de sus formas, y señalamos la discriminación por motivos de especie como la causa de que todos estos negocios, tradiciones o costumbres estén aún bien vistas por una parte de la sociedad.

La cita era a las 11h frente al zoo, como otras veces hemos hecho. Pero esta vez una sorpresa nos esperaba. Ocho policías nacionales y otros ocho municipales nos estaban esperando algo tensos. A quienes llegaron antes de la hora no les dejaron esperar junto a la puerta y les obligaron a desplazarse unos metros de ahí. Al rato, cuando quedaban 10 minutos para empezar, vinieron a identificarnos a todas las asistentes, siendo la convocatoria totalmente legal, comunicada y autorizada por Delegación del gobierno. Cuando pedimos explicaciones nos dijeron que eran órdenes que venían desde arriba y que no nos preocupásemos. Queremos dejar constancia de que nunca nos habían recibido así, apartándonos de la zona en la que queríamos concentrarnos e identificándonos sin que hubiésemos podido siquiera comenzar con la convocatoria. También decir que su actitud fue intimidatoria y amenzante durante las tres horas de la manifestación, lo que no hizo sino confirmarnos lo que ya sabíamos: que trabajan para quien trabajan y defienden lo que defienden.

A pesar de sus provocaciones y su despliegue (al rato vinieron ocho policías más en bici y cuatro en moto), a las 11h empezamos con la convocatoria, que comenzaba con media hora de concentración frente al zoo. Si bien al principio nos costó un poco arrancar debido a lo desagradable de la situación, pronto empezamos a gritar como es habitual en las convocatorias en que participamos. Lemas como “Si nos gustan los animales, ¿por qué los encerramos tras rejas y cristales?” o “A nadie le gusta vivir encerrada” fueron escuchados por las familias que hacían cola para entrar. Pudimos observar cómo, literalmente, un padre tapaba las orejas a su hija para que no escuchara lo que decíamos. Se leyó varias veces un comunicado dirigido a la gente que hacía cola que podéis leer pinchando aquí.

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También señalar que mientras desde la concentración se gritaban consignas, varias personas repartían folletos a quienes llegaban al zoo, y un grupo montado en bicis adornadas con mensajes antiespecistas daban vueltas junto a la entrada coreando y amplificando los lemas que gritaba la concentración. Así pudimos saber que desde la cola de entrada se entendía perfectamente lo que decíamos y se escuchaban los comunicados con nitidez.

Tras aproximadamente media hora, salimos en manifestación hacia el delfinario, para llegar antes de que comenzara el espectáculo. Para cuando llegamos eramos 120 personas y en las gradas del delfinario empezaban a tomar asiento las familias vistantes. Leimos un comunicado recordando a quienes malviven ahí dentro y dando nuestros argumentos en contra de los acuarios y delfinarios. Al terminar el comunicado, gritamos con todas nuestras fuerzas a través de aquellos barrotes frases como “Respeto y libertad para los animales” o “Si no hay mar en Madrid, ¿qué hace un delfín aquí?”. Fue un momento muy duro y emotivo estar allí protestando y ver mientras a los delfines obligados a trabajar para entretener a unos y hacer ganar dinero a otros. Cosas como esta nos hacen darnos cuenta de la importancia de nuestros actos para poner fin a todo este disparate.

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Cuando terminó el espectáculo leimos de nuevo el comunicado y continuamos nuestro camino hasta el siguiente destino. Esta vez paramos frente a los babuinos, en silencio. Desde esa zona quienes visitan el zoo podían vernos perfectamente, así que nos mantuvimos durante un rato con nuestras pancartas elevadas por encima de las rejas. Los babuinos subieron a lo alto de los palos que hay en el trozo de cemento donde les exhiben y nos observaban con curiosidad. También ahí los cruces de miradas con ellos nos removieron en lo más profundo.

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La siguiente parada fue frente a las leonas. Ahí estábamos más lejos de ellas, además habíamos consultado previamente a compañeras con conocimientos de Zoología y nos habían dicho que, debido a la indefensión aprendida, no debíamos preocuparnos por si las leonas se estresarían al escuchar nuestros gritos. Empezamos con cautela y, efectivamente, por desgracia esas leonas están tan machacadas psicológicamente que no mostraron ningún tipo de respuesta ante nuestros gritos, más allá de mirarnos. Así que gritamos con fuerza para que toda la gente que estuviera en el zoo nos escuchara. La zona de las leonas es uno de los puntos más altos y, desde ahí, conseguimos que se nos oyera en gran parte de las instalaciones.

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Siguiendo unos metros llegamos a la zona de las tigresas, que se comportaron de manera muy parecida a las leonas: nos miraban mientras permanecían recostadas en la minúscula sombra de que disponían. El calor y el cansancio ya se notaban pero no nos impidieron estar ahí.

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Después volvimos en manifestación hasta la puerta del zoo, donde la policía volvió a ponerse bastante borde. Terminamos leyendo el comunicado de cierre (pincha aquí para leerlo), dedicando un recuerdo a todos los animales que han muerto en los zoos, intentando fugarse de ellos o que viven una vida entera de cautiverio. Agradecimos a todas las asistentes haber hecho el esfuerzo de venir y quedarse a pesar de la presión policial y dimos por finalizada la convocatoria.

El zoo es un sitio maldito donde reina la tristeza y tenemos que conseguir cerrarlo y sacar de ahí a los animales.

No vamos a parar.

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