Los zoos son negocios en los que se encierra a otros animales para “exponerlos” y criarlos con fines supuestamente de entretenimiento, didácticos y de conservación.

Moctezuma fue, según los historiadores, el primero en tener la brillante idea de coleccionar animales (humanos incluidos). A partir de ahí, la mayoría de los zoos comenzaron como colecciones de reyes y aristócratas europeos, que normalmente recibían animales exóticos procedentes de los países colonizados. En Madrid, Carlos III tuvo el antojo de construir el primer parque de animales en la Cuesta de Moyano. Además de deleitarse con su encierro, los monarcas celebraban entonces luchas entre tigres, leones, elefantes y toros. A lo largo del Siglo XIX, comenzaron a popularizarse las exposiciones de animales para el entretenimiento del público, en lo que solía llamarse “jardines de aclimatación”, “casas de fieras”, etc.

A finales del S. XIX, Karl Hagenbeck, el más importante cazador y comerciante de animales, comenzó a secuestrar también familias humanas laponas, samoanas, nubias, etc., para exhibirlas recreando vagamente sus aldeas, trajes y costumbres. Fue un éxito entre el público, se organizaron giras, y otros zoos europeos siguieron el ejemplo, incluidos los de Barcelona y Madrid. Al igual que sucede ahora con los animales no humanos, muchas de las personas exhibidas en aquellas exposiciones murieron durante los viajes, por falta de cuidados o por la imposibilidad de adaptarse al clima y la situación.

En la Casa de Fieras de Madrid, los visitantes podían ver esquimales pagando una peseta. Y el estanque frente al Palacio de Cristal se creó en 1887 para exponer en canoas a 45 personas de origen filipino.

A lo largo de todo este proceso, los zoos siempre han tenido detractores que han puesto sobre la mesa la injusticia que suponen, por lo que estas instituciones han tenido que cambiar su concepto y su morfología para poder perpetuarse. Actualmente ocultan su afán de negocio tras un supuesto interés científico, y el propósito del entretenimiento se disfraza de educación y divulgación. La zootecnia se encarga de adaptar la apariencia de estos lugares a ese nuevo concepto. El Zoo de Madrid, por ejemplo, sigue el modelo ideado por el propio Karl Hagenbeck, con fosos abiertos en vez de jaulas, para ofrecer al público la ilusión de que los animales están “más libres”.

Sin embargo, la esencia sigue siendo la misma: unos individuos se entretienen y ganan dinero a costa del encierro y sufrimiento de otros.

CAPTURA, TRANSPORTE Y CAUTIVIDAD

No todos los animales que viven en el zoo han nacido allí; muchos de ellos han sido capturados de su hábitat natural. Éstos padecen un gran sufrimiento al ser atrapados, separados de sus familias, tener que abandonar su entorno, tener que soportar el traslado y hasta el zoo. Pero la captura no sólo afecta a los animales apresados, sino que también a sus familias. Una gran parte de los animales mamíferos tienen vínculos sociales y familiares complejos, y notan la ausencia de uno de los miembros de su grupo llegando a veces a causar depresión, estrés o desorientación en ellos.

Las técnicas de captura varían en función de la especie a la que se quiere atrapar. Para los animales mamíferos terrestres se utiliza, por ejemplo, la sedación a través del disparo de un tranquilizante o las trampas, lazos y jaulas con cebo (en muchos países esto ya está prohibido). Evidentemente estos métodos acarrean graves consecuencias. En el primer caso, junto al estrés, ocasiona deshidratación, nauseas, vómitos, cefaleas, reacciones alérgicas e incluso la muerte si el sedante no es administrado en la dosis adecuada. En el segundo, heridas y fracturas en todos los animales que caen en ella (no siempre son los que el zoo quiere).

Tras la captura, llega el angustioso traslado al zoo, en el que el porcentaje de muertes es superior al de la captura. Los animales tienen que permanecer en pequeños espacios en los que apenas se pueden mover, sufrir los cambios repentinos de temperatura, hambre, sed, bruscos movimientos y golpes.

Quienes nacieron en cautiverio no corren mejor suerte, pues vivirán toda una vida de encierro sin poder vivir según sus intereses ni necesidades. Cabe destacar que la reproducción dentro de los zoos no es algo frecuente, pues los animales están alejados de su hábitat natural y por tanto como se mencionó anteriormente, no se comportan como lo harían en la naturaleza. Es por ello que es habitual que el zoo opte por técnicas de fertilidad y concepción artificial, siendo aún así muy difícil la reproducción. Esta es una de las causas por las que los zoos anuncian tanto el nacimiento de un nuevo animal, porque es algo inusual.

Hay animales que se reproducen con más frecuencia que otros (venados, tigres, leones,…), cuando éstos crecen y dejan de ser novedad y atractivos para el público, y por tanto dejan de ser rentables, los zoos los venden a ranchos de caza por ejemplo o a otros zoos más pequeños o de mala calidad, o los matan.

El zoo suele presumir de que los animales viven más años en el zoo que en libertad, ya que están bien alimentados y cuentan con cuidados veterinarios. Sin embargo esto no siempre es así. Un estudio publicado por la revista Science en el que se estudiaron más de 4500 elefantas que viven en libertad en el Parque Nacional Amboseli de Kenia, otras que trabajan en la industria maderera de Birmania y ejemplares de zoológicos en Europa, ha concluido en que en los zoos la esperanza de vida de los elefantes en mucho menor que en libertad: una media de 17 años en cautiverio frente a los 56 años en libertad. Esto es consecuencia de la obesidad y del estrés (sobre todo en las elefantas más jóvenes al ser trasladadas de un zoo a otro).

LA VIDA EN EL ZOO

Los zoos son un negocio así que, como cualquier otro, están diseñados para obtener beneficios. Si es necesario se sacrificará el bienestar de los animales para obtener mayores ganancias.

En el zoo los animales deben adaptarse a un espacio artificial. En el caso de los capturados, pasan de un espacio vital antes casi ilimitado a uno de unos metros vallados. Los felinos, por ejemplo, en libertad marcan su espacio vital y no permiten que éste sea invadido por  otros. Sin embargo, cuando están encerrados esta característica deja de existir, ya que se ven obligados a convivir con otros animales de su especie que no son de su familia en pequeños espacios. A mucho animales que en naturaleza vivirían en manadas, muchas veces se les deja solos o con una pareja que no es elegida por el mismo individuo.

Así, pierden sus instintos más básicos, como el de conseguir alimento. En el caso de los carnívoros pierden el de caza, puesto que se les alimenta con carne muerta, y en el de los animales herbívoros en lugar de recorrer cientos de kilómetros para conseguir alimentos pasan a recorrer unos pocos metros y comer el compuesto alimenticio que se les da.

Además, muchos de los animales deben adaptarse a unas condiciones climáticas completamente diferentes a las de su hábitat, como es el caso de los osos polares o pingüinos en zonas como Madrid. A pesar de crearles espacios artificiales imitando a los naturales, se alejan mucho de la realidad. Los animales tienen que adaptarse entonces a temperaturas mucho más frías o calurosas a las que sus cuerpos no están acostumbrados ni evolucionados. Esto provoca que, en muchos casos, estos cambios anulen sistemas fisiológicos de los animales, lo que tiene graves consecuencia para ellos en cuanto a su bienestar.

Otro de los instintos que pierden es el de reproducción, pues el apareamiento de los animales en cautividad es muy diferente al que se daría en la naturaleza; éste es estacional en la mayoría de los animales salvajes, mientras que en los zoos el celo deja de estar marcado por las estaciones, de tal manera que la reproducción se podría llevar a cabo en cualquier momento del año. Aunque en la práctica esto no sucede debido al estrés y a la difícil elección de pareja, ya que en cautiverio no pueden elegir a su pareja y en muchas ocasiones sólo se pueden reproducir entre familia, lo que genera en muchos casos malformaciones en los fetos, abortos y deficiencias en los animales que nacen. Además, la fertilidad disminuye y los celos son pocos notorios.

Sus vidas también se ven afectadas por la presencia de las personas humanas. La mayor parte de los animales capturados, en libertad vivían ajenos a las humanas, pero tras su captura pasan a depender totalmente de ellas. Además, tienen que acostumbrarse a las numerosas visitas diarias que reciben, de las que no pueden ocultarse para que se les pueda ver bien, perdiendo toda su intimidad. Hay centros en los que además se ofrece, sobre todo a los niños, la posibilidad de tocar a algunos de los animales, lo que genera un grave riesgo de transmisión de enfermedades de las visitantes a los animales, les genera estrés y a veces les causa daño.

 

ZOOCOSIS Y ENFERMEDADES

El confinamiento extremo lleva a los animales a padecer zoocosis. En 1992, Travers creó ese término para referirse al comportamiento anormal de los animales de los zoos, apuntando que podría ser la prueba de que el cautiverio conduce a la neurosis.

Según Travers, un animal zoocótico es aquel que ha sufrido daños mentales debido a la cautividad. Si un animal (incluidos los animales humanos) no tiene control sobre su entorno y no puede ejercitar su cuerpo ni estimular su mente, empieza a desarrollar una serie de comportamientos repetitivos o “estereotipados”. La zoocosis puede presentar los siguientes síntomas:

– Deambular constantemente: caminar de arriba a abajo, siguiendo el mismo recorrido sin cesar. Pueden presentar este comportamiento felinos y cánidos.

– Dar vueltas en círculos.

– Lamer repetitivamente las paredes, barrotes o las puertas de la jaula. Las jirafas suelen presentar este comportamiento.

– Morder repetitivamente.

– Girar el cuello de forma antinatural: suele ser característico de primates en cautividad.

– Balancearse: balanceo constante de lado a lado mientras permanecen de pie. Se puede observar en elefantes.

– Mecerse: balancearse hacia delante y  hacia atrás de forma obsesiva, a veces en postura sentada y abrazando a alguna cosa. Suelen presentar este comportamiento los simios y las simias.

– Apatía: pasividad y falta de reacción a los estímulos. Esto suele ser causa de la marginación y la separación forzosa de sus grupos sociales.

– Agresividad: hacia objetos y animales, humanos o no.

– Automutilación: los animales que sufren zoocosis pueden auto-infligirse daños como morderse la cola, las extremidades, o golpearse la cabeza contra la pared.

– Coprofília: modo antinatural de comer y jugar con los excrementos.

Al igual que en otros centros de explotación, como las granjas o los circos, la vida de cautiverio en el zoo conlleva inherentemente el confinamiento, la falta de estímulos y la pérdida de control sobre el entorno. El hecho de que distintas especies de animales se vean obligadas a vivir unas junto a otras, hace que ciertos individuos muestren comportamientos de huida, incremento en las pulsaciones del corazón y otros signos de estrés que hacen que siempre estén en alerta. En muchas ocasiones se ven  privados del cobijo contra el sol, la lluvia, el frío o el calor. Todo esto lleva asociado el desarrollo de algunas enfermedades:

– Miopatía de captura: se puede manifestar de diversas maneras como ataxias, parálisis, fallos cardíacos, etc.

– Trastornos hormonales.

– Enfermedades de la piel.

One thought on “QUÉ SON REALMENTE LOS ZOOS

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