Los zoos y acuarios suelen mostrarse como proyectos divulgativos y de conservación, emulando muchas veces las características arquitectónicas de los museos. Incluso colaboran en programas de rescate para lavar su imagen; pero la realidad es que son grandes negocios, en muchos casos franquicias que a su vez pertenecen a cadenas y a importantes grupos empresariales, como Parques Reunidos y Aspro Parks (dos de los mayores operadores de Europa de parques y centros de ocio) o SeaWorld en Norteamérica. Para estas compañías, la divulgación científica es una excusa, ya que los animales son meros recursos con los que comerciar y de los que extraer dinero. Prueba de ello es que las mismas empresas poseen parques de atracciones de otro tipo y compiten en el sector del ocio. Incluso pueden tener intereses económicos en otras industrias altamente contaminantes y destructivas para el hábitat natural de los animales que pretenden “conservar”.

Además, en la publicidad de los grandes acuarios, puede encontrarse infinidad de información y curiosidades sobre cómo sería la vida de estos animales en la naturaleza; pero pocas veces o nunca se toman la molestia de explicar cómo les han sacado de su hábitat, de dónde vienen, cómo han sido capturados, criados y trasladados, y cuáles son para ellos las consecuencias del encierro. No existe ningún rigor científico en explicar a través del cautiverio cómo es la vida en libertad.

En lo que se refiere a la educación, es un sinsentido pretender transmitir unos valores de respeto hacia los demás animales alejándolos de su medio, encerrándoles de por vida y obligándoles a realizar trucos antinaturales para ganar dinero y entretenernos. Los valores que pueden aprenderse a través de este tipo de espacios son, en todo caso, valores destructivos y opresivos.

Por otro lado, la captura y tráfico de animales para zoos, circos, acuarios y delfinarios, no sólo no contribuye a su conservación en el medio natural, sino que en muchos casos es una de las principales causas de la destrucción de dicho medio.

La excusa de la perpetuación de las especies

Una de las mayores excusas que utiliza el zoo para justificar el encierro, es la conservación de especies que se ven amenazadas por la destrucción de su hábitat. Según dicen, mantienen a las especies en peligro en cautividad hasta que las causas de amenaza sean remediadas para luego reintroducirlas en su hábitat para que se reproduzcan y generen poblaciones sanas.

Esto es algo que no se puede sostener, en primer lugar porque para poder generar una población saludable es necesario un conjunto de genes viable de un tamaño muy numeroso, que además no se sabe con exactitud de cuál es; pues si no es lo suficiente alto, las especies resultantes podrían ser tan débiles que nunca podrían ser liberadas.

En segundo lugar porque la restauración de los hábitats no significa que las especies estarán a salvo, pues sigue existiendo la amenaza de la caza furtiva siempre que continúe la demanda de armas y de alimento y de compra de partes de estos animales. Las amenazadas por la contaminación no podrían ser liberadas hasta que se finalice el uso de las sustancias nocivas (como los pesticidas).

En el caso de que estos problemas pudieran ser solucionados, la reintroducción de las especies seguiría siendo muy difícil, pues dependen tanto de los humanos que los animales olvidan cómo cazar, criar a sus hijas, buscar alimentos… por lo que en la naturaleza sería muy difícil que sobrevivieran. Pero esto no justifica que les sigan teniendo encerrados, todas merecemos ser libres.

Está claro que es difícil, pero no imposible, y no sólo no es una excusa, sino que además hay numerosos ejemplos de animales dependientes del ser humano que han podido adaptarse a la libertad. En el documental A Fall from Freedom, Ric O´Barry (ex entrenador de delfines y actualmente activista para su liberación) declara que, en el caso de los mamíferos marinos, resultaría más barato y más fácil llevar a cabo un programa de reintroducción en el medio natural, de lo que resulta capturarlos y adaptarlos a la vida en cautividad. Lo más probable es que eso sea así también para otras especies. Es decir, que si a los zoos realmente les interesara la liberación de los animales, centrarían todos sus fondos y sus esfuerzos en eso, en lugar de en mantenerlos en cautividad y hacer una “labor de conservación” simbólica, aludiendo a una hipotética futura libertad.

Otra de las grandes trabas, es que en los zoos sólo pueden haber un número limitado de individuos, y estos prefieren tener pocos ejemplares de distintas especies y de las más populares para atraer a más público, que tener un gran grupo de individuos que garantice un conjunto genético amplio y viable.

Cabe destacar también, que al capturar especies del entorno natural para desarrollar sus programas, dan lugar al vaciado de las poblaciones.

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